Análisis

¿Es Panamá un Estado paternalista?

16/4/18 - 12:00 AM
Pues bien, ese ciudadano modesto, ese ciudadano cualquiera es un contribuyente que ayuda a pagar el sueldo de ese funcionario que lo desprecia. ¡Estos procedimientos tienen que acabarse…!

  • Paulino Romero C.* | [email protected] |                                             

Algunos tratadistas sostienen que el Estado paternalista no solo es promovido en nombre de la moral o la ética. Muchas veces se justifica con base en fines más concretos, la educación y la salud pública, por ejemplo. En el caso específico de la República de Panamá, los políticos de ayer, como los de hoy (sobre todo en función de gobierno), se creen los padres de los panameños. Esa actitud no refleja solamente la actitud personal de los políticos gobiernistas, sino también la verdad del Estado panameño.

Como es bien sabido, los políticos gobiernistas (presidente, ministros, diputados, magistrados, directores de entidades autónomas y altos funcionarios) resuelven los más increíbles problemas, incluso los de la gente que tienen problemas conyugales en su hogar. El político influyente reparte subsidios, dádivas, cargos públicos… y esa es la concepción paternalista que tenemos del Estado en Panamá. De allí viene la raíz esencialmente paternalista que caracteriza a nuestra administración pública, propia de un país en vías de desarrollo, pero que ya empieza a tener las complejidades de un país moderno, por inferior que sea su índice de desarrollo en comparación con el de otros países.

Gobernar hoy es sumamente difícil y complejo. Panamá funciona aún como un Estado según patrones conceptuales de viejo país patriarcal, paternalista. Allí radica la mayor dificultad con que tropieza el Gobierno (ahora con el fomento del nepotismo), la misma que hace tan lenta y deficiente a la administración pública, por lo regular tropieza con un funcionario que se considera privilegiado por el solo hecho de serlo; un funcionario que no oculta su desprecio por el ciudadano modesto que acude a él en solicitud de algún servicio.

Pues bien, ese ciudadano modesto, ese ciudadano cualquiera es un contribuyente que ayuda a pagar el sueldo de ese funcionario que lo desprecia. ¡Estos procedimientos tienen que acabarse…! En un país democrático el ciudadano es el centro de la vida política. El ciudadano merece la mayor consideración por parte del Gobierno, y no al revés.

El próximo presidente de la República (2019-2024) debe constituir o ayudar a construir en Panamá un esquema de desarrollo distinto al tradicional, porque los modelos que se adoptaron en el pasado, y que aún persisten, tienen que sufrir rectificaciones con el tiempo. Se han intentado grandes pasos en el pasado, pero se necesita rectificarlos, modificarlos, o sustituirlos por los que correspondan más eficientemente con las realidades actuales del país. ¡El futuro presidente debe saber que en Panamá hay un depósito desconocido de ideas!

Muchos panameños capaces, que no figuran en los periódicos ni en otros medios de comunicación, sino que permanecen en sus casas o se dedican a actividades privadas, tienen ideas muy claras sobre muchas cosas. En los últimos 20 años se ha producido un gran cambio en Panamá. Al mismo tiempo, muchos, especialmente las nuevas generaciones, han tenido la oportunidad de ver y conocer realidades y confrontar al país con otros.

El presidente de Panamá (2019-2024) debe saber muy bien que el título más importante para cumplir funciones públicas es la capacidad. No hay ningún otro pasaporte válido en esta época para dirigir empresas, organizaciones o gobiernos que no sea el salvoconducto que ofrecen la inteligencia, el trabajo, la eficiencia, el espíritu de justicia, el cumplimiento, el celo y la dedicación al esfuerzo por el bien común.

Pedagogo, escritor, diplomático.