Y yo lo resucitaré en el último día

14/4/18 - 12:00 AM

  • Rómulo Emiliani | [email protected] |                                             

Los seres humanos sin Dios vamos hacia el abismo y la total destrucción. Por la fuerza del pecado, nos vamos aniquilando personal y socialmente. Tendemos a crear por nosotros mismos una cultura de muerte que se manifiesta en la desintegración familiar, en la injusticia social y la pobreza extrema, en el desastre ecológico, en las guerras y toda clase de violencia. Pero el amor de Dios, su misericordia y poder divino son infinitamente más grandes que el pecado y la muerte. La gran profecía de Ezequiel se cumple en los redimidos por la muerte y resurrección de Jesucristo: "… El Señor les dice: voy a hacer entrar en ustedes aliento de vida, para que revivan… Oí un ruido: era un terremoto, y los huesos comenzaron a juntarse unos con otros. Y vi que sobre ellos aparecían tendones y carne, y que se cubrían de piel… y el aliento de vida vino y entró en ellos, y ellos revivieron y se pusieron de pie", Ez 37..

Creemos firmemente que todo será recapitulado, renovado, reconstruido, resucitado, gracias a la misericordia y el poder divino. La resurrección es la respuesta amorosa de un Dios que no se dejará vencer por la maldad y por la muerte. El mal personificado por Satanás y las fuerzas destructivas humanas no solamente han intentado aniquilar todo lo creado por Dios, sino que quisieron acabar con el enviado del Padre, asesinando a Jesús. Pero Dios Padre lo resucitó de entre los muertos y a los que creamos en Él: "…sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también nos resucitará con Jesús y nos presentará ante él juntamente con ustedes", 2 Cor 4, 14.

Jesucristo es el gran vencedor: Él es de quien Daniel 7, 13-14 dice: "Vi que venía entre las nubes alguien parecido a un hijo de hombre, el cual fue a donde estaba el Anciano y le hicieron acercarse a él. Y le fue dado el poder, la gloria y el reino, y gente de todas las naciones y lenguas le servían". Y en el Apocalipsis 20, 11-12 dice la Palabra: "Vi un gran trono blanco, y al que estaba sentado en él. Delante de su presencia desaparecieron completamente la tierra y el cielo… Y vi los muertos, grandes y pequeños, de pie delante del trono; y fueron abiertos los libros, y también otro libro, que es el libro de la vida. Los muertos fueron juzgados de acuerdo con sus hechos…". Cristo Jesús dijo "Yo soy, el Primero y el Último, el que vive; estuve muerto, pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del Hades", Ap 1, 18,... "Pero Jesús les dijo: ¿por qué están asustados? ¿Por qué tienen esas dudas en su corazón? Miren mis manos y mis pies. Soy yo mismo. Tóquenme y vean…", Lc, 38, 39. "... El que cree en mí, aunque muera, vivirá…", Jn 11, 25. Nosotros creemos que nuestra historia no acaba con la muerte, sino que nos espera el cielo prometido, gracias a la muerte redentora del Señor Jesús, con quien somos invencibles.