Análisis

La libertad religiosa como derecho humano

23/7/18 - 12:00 AM
La importancia de la religión y de la libertad religiosa para la convivencia pacífica de las naciones y para el derecho internacional es, por tanto, evidente.

  • Paulino Romero C. | [email protected] |                                             

La escasez de estudios sistemáticos y trabajos orientados hacia la historia de las ideas en torno a la teoría de las instituciones públicas sorprende aun a los sin duda eruditos autores del libro aquí reseñado.

Por ello los distintos trabajos pueden solamente demarcar un terreno "que necesita ser explorado" sin elaborarlo exhaustivamente.

Esto se refleja de nuevo en espectro de los enfoques tratados: aportes desde la historia de las ideas acerca de la polis griega (con ensayos sobre la sofística, Tucídides, Platón y Aristóteles), de la baja Edad Media o la modernidad temprana (con trabajos sobre Lutero y la Reforma).

No solo los conflictos entre individuos o grupos, sino también los de nivel internacional tienen causa muy frecuentemente en las diferencias de concepciones del mundo.

Allí donde aparentemente se trata solo de puro poder, o de ganar territorios o influencias políticas, hay a menudo algo más en juego: la religión.

No pocos opinan que –como recientemente se hizo claro la guerra de Kuwait- las creencias religiosas pueden ser también una causa para poner en juego la paz entre los pueblos.

La paz es, si bien no está explícitamente expresado, uno de los conceptos directrices en el escrito de Otto Kimminich.

Análogamente a la expresión acerca de la función pacificadora del derecho, se encuentra, en relación con el plano internacional, "la función pacificadora de los derechos humanos".

Parece provechoso entonces ocuparse de modo detallado y pormenorizado de aquel derecho humano, cuya falta de atención condujo, en otros tiempos, como Kimminich constata, a las primeras oleadas de refugiados.

Se puede todavía agregar que el primer tratado de derecho internacional de la modernidad, la Paz Westfalia, fue firmado luego de una guerra hecha en nombre de la religión.

Los Estados Unidos de América deben su existencia y su actual fuerza, en gran medida, a movimientos de refugiados por razones religiosas y a un espíritu pionero que nació también de allí.

La época de la Ilustración no puede concebirse sin la ética cristiana.

El mundo árabe busca afirmar su capacidad civilizadora y cultural, que, en la Edad Media, bajo la bandera verde del islam, se desarrolló y luego se apagó, para imponer, por sobre las fronteras de los Estados rivales, la verdadera fe; esta tarea, según el punto de vista del buen mahometano, le corresponde en este mundo, o por lo menos en los territorios de donde proviene.

La importancia de la religión y de la libertad religiosa para la convivencia pacífica de las naciones y para el derecho internacional es, por tanto, evidente.

Este comienzo debería reflejar el espíritu propio del libro de Kimminich, el cual aclara muy bien que el punto de vista de su reflexión acerca del derecho humano "libertad religiosa", tiene en sí mismo, un fundamento religioso, a saber, la fe cristiana.

No en vano Kimminich no aborda solamente la teoría y la práctica de los instrumentos internacionales de derechos humanos, como por ejemplo los de la ONU o el de la Comisión Europea de los Derechos Humanos.

El autor examina también los intentos de la Iglesia (católica) de abordar el problema de la libertad religiosa.

Esto no debe entenderse como una digresión, sino que es indispensable para la consideración de la libertad religiosa como derecho humano, como un fundamento que tenga el carácter de una garantía internacionalmente válida.

Pedagogo, escritor, diplomático.