Reflexiones

Lo que no se debe hacer

27/4/18 - 12:00 AM
...están en su derecho de luchar por un mejor salario u otra conquista laboral, siempre y cuando sea posible lograrlo sin intransigencia ni imposiciones porque esa actitud es caldo de cultivo para romper cualquier diálogo y prender la mecha de la violencia.

  • Bernardina Moore | [email protected] |                                             
... jamás se debe
abandonar el diálogo,
que a la larga, con ese
recurso, algo se consigue.
Los sindicatos y agremiados siempre tendrán diferencias obrero patronales por una razón u otra, pero hay que saber manejar la situación con mucha cautela, e hilar muy fino y no dar puntada sin hilo porque puede salirse de las manos y parar en otra cosa. Y evitar que eso suceda es responsabilidad del dirigente, que no debe incitar a sus agremiados al odio ni a la lucha de clases porque todos sabemos cómo comienzan las cosas, mas no cómo terminan. Un buen dirigente debe mirar con luces largas para conducir por buen camino a sus agremiados porque lo siguen como niños obedientes a sus papás, que quieren lo mejor para sus hijos. Pero si un dirigente es cabeza caliente, no piensa con sensatez y cordura, lo último y lo que no debe hacer es poner en peligro la vida de sus agremiados y la de terceros porque si consideran que lo que exigen es justo, no son necesarias las amenazas ni la violencia, que son las armas de los que no tienen razón, además, ¿con qué autoridad moral van a salir un día a defender los derechos humanos del pueblo si no los respetaron en su momento?
No ponemos en tela de duda que están en su derecho de luchar por un mejor salario u otra conquista laboral, siempre y cuando sea posible lograrlo sin intransigencia ni imposiciones porque esa actitud es caldo de cultivo para romper cualquier diálogo y prender la mecha de la violencia.
Es ahí precisamente donde el dirigente debe tener la cabeza fría porque de él depende el rumbo que tomen los acuerdos y negociaciones relacionados con el conflicto que se esgrima..
No se trata de ganar gracia frente al grupo demostrando una actitud tozuda y de bravucón, que no conduce a aportar nada al conflicto, al contrario, caldea los ánimos. Un dirigente debe tener la capacidad de analizar que sus agremiados no están en el mismo nivel económico que él, que tienen familias que dependen de lo poco o mucho que devengan como salario, y considerar muy bien ese detalle a la hora de salir a reclamar sus derechos porque si alteran el orden público o no respetan los derechos de terceros, siempre van a tener enfrentamientos con los responsables de la seguridad pública, y un mártir en estos momentos no lleva el sustento a su hogar, solo será una bandera más en la lista de los recordados luchadores por la causa o el problema.
Esta reflexión se aplica a todos los grupos agremiados, llámense docentes, médicos, construcción, transporte, en fin, todo trabajador sindicalizado. Es de todos conocida la frase de que el respeto al derecho ajeno es la paz, pero para muchos no hay paz porque les importa un pepino el derecho ajeno y lo pisotean a su antojo violando flagrantemente los derechos humanos en todos los aspectos, inclusive los de los menores que no tienen voz.
El ser humano se aboca cada vez más a su autodestrucción, ya la corrupción no la para nadie porque se ha convertido en una epidemia y los que tienen el remedio o antídoto para controlarla se han contagiado también, y, como una golondrina no hace verano, la minoría que intenta luchar para combatirla lo hace con mucha cautela para no contagiarse y ser parte de esta epidemia. Por eso los querellantes gritan y patalean porque tienen la percepción de que dinero hay, pero por corrupción no alcanza y eso es delicado sin pruebas; por eso jamás se debe abandonar el diálogo, que a la larga, con ese recurso, algo se consigue.
Como dicen los comerciantes si pelean por dos dólares: “ta bien, ni pa ti ni pa mí, 1.50 ya”.
Escritora